7 de abril de 2011

BANCA PÚBLICA YA

     El candidato socialista a la presidencia de la comunidad de Madrid, Tomás Gómez, ha propuesto la creación de un banco público si gana las elecciones para garantizar la financiación de los emprendedores y empresas que crean empleo.
     La propuesta viene a demostrar que aún hay vida en la izquierda socialdemócrata, incapaz a lo largo de la crisis de dar respuestas que no fueran neoliberales. Gómez demuestra que todavía quedan socialistas coherentes y que están dispuestos a ponerse contra la corriente del pensamiento neoliberal dominante para evitar que la crisis la paguen los sectores sociales de menor renta. Demuestra también que no es obligado someterse sin más al dictado de unos poderes financieros que imponen respuestas que no solo representan peores condiciones de vida para las clases trabajadoras y para los pequeños y medianos empresarios sino que, para colmo no sirven para resolver los problemas económicos que hay sobre la mesa. Y, en particular, la falta de financiación que ahoga a empresas y consumidores y que sigue impidiendo que se recupere la demanda, la actividad y el empleo.
     Las reacciones a la propuesta de Tomás Gómez no se han hecho esperar: unos la critican por utópica, como antes criticaron a los que reclamaban una regulación financiera más estricta para evitar que el desarrollo de la ingeniería financiera que finalmente resultó letal para la economía mundial. Son los poderosos los que critican de esta forma la iniciativa de crear un banco público porque trata de poner límites a sus privilegios. No entran en el fondo de la cuestión, es decir, no dilucidan si lo que se propone resolvería o no los problemas actuales ni los costes de mantener la situación existente, pero descalifican como utópico a quien lo hace, aunque infinidad de veces se haya podido comprobar que quienes hacen este tipo de propuestas son los que siempre terminan llevando razón en sus predicciones y advertencias. La medida que propone Tomás Gómez solo se puede calificar de utópica si se da por descontado que la banca privada va a disponer siempre del poder político antidemocrático del que hoy día disfruta.
     Pero las críticas de la derecha política a la propuesta de Gómez es, sencillamente, desvergonzada. El ínclito Granados (del que algún día se sabrá la verdad) ha dicho que la propuesta solo llevaría consigo ““más funcionarios y más gasto”. ¡¡Qué nivel¡¡. Este no se acuerda de cómo funcionaba la CAJA POSTAL, por ejemplo, y lo que reportaba de beneficios a la hacienda pública. Pero además lo dice el miembro de un gobierno que, desde que llegó al poder en 2003, ha aumentado en un 275 por ciento el número de asesores y personal eventual, y los cargos de libre disposición de 728 a 1.521. Y lo dice para criticar que se pueda crear un banco que quizá no tendría por qué tener más de 40 o 50 empleados y que, sin embargo, garantizaría la financiación que necesitan las empresas madrileñas para crear miles de empleos.
     Pero no queda ahí la cosa. Hay que tener una catadura moral, digamos para ser finos que "muy singular", para afirmar que la banca pública es la que ha creado más gasto y más corrupción en un país como España en donde los ciudadanos tuvimos que pagar varios billones de las antiguas pesetas para tapar las quiebras, a veces fraudulentas, de los bancos privados en los años ochenta y noventa y bastantes miles de millones de euros más en los últimos tres años para hacer frente al irresponsable comportamiento inversor de la banca española en el periodo anterior a la actual crisis. O en un planeta en donde ha sido precisamente la banca privada la que ha provocado la mayor crisis económica de la historia y que ha tenido que afrontarse en todo el mundo justamente fortaleciendo el sector público y obligándolo a poner dinero de todos los ciudadanos.
     La medida que propone Tomás Gómez es sensata y adecuada, y va en la línea de lo expresado por varios Premios Nobel en los últimos tiempos, que algo más de economía sabrán que el señor Granados (aunque, a lo mejor, el de Valdemoro sabe más de cuentas). Y, sobre todo, es esperanzadora porque muestra que en el Partido Socialista todavía hay dirigentes que no están dispuestos a hincar la rodilla en el suelo para reverenciar al señor Botín y compañía sino que desean que el partido sea digno de su nombre.

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