17 de marzo de 2010

CUBA: CUANDO LAS MADRES PROTESTAN


Cuando las madres, hijas y abuelas se echan a la calle, vestidas de blanco, o de cualquier otra forma, protestando por la falta de libertad de sus hijos o padres, cualquier régimen político debe echarse a temblar. Porque estas mujeres reúnen los elementos necesarios para hacerse temibles adversarios políticos que pueden hacer tambalear los pilares de un gobierno. No conocen el miedo, es imposible tenerlo, porque uno tiene miedo por sus hijos, sus maridos, sus padres, … pero cuando estos están presos, y además por causa de pensamiento, no existe mediación de temor alguno. Qué te puede pasar más hiriente y odioso que tener un hijo o un padre en la cárcel, sin haber delinquido. Nada. Pero además estas mujeres ejemplares, tipo Madres de la Plaza de Mayo, tienen decisión, más allá de las coyunturas políticas, porque no les guía un barómetro electoral, les mueve el amor a su familia, y contra el amor blanco poco han de hacer los entes gubernamentales. Y tienen sentido de la responsabilidad, familiar si se quiere, pero se echan a la espalda el peso de la familia sabiendo que son ejemplo y que una vez iniciada la protesta, sus hambrientos hijos o padres no podrían entender la dejación.

Y es que hay que recordar que los disidentes cubanos (y sabemos que ha habido algunos netamente “comprados” por las instancias más ultras de los yankees) llevan años defendiendo la libertad política y de prensa. Algo que a los españoles nos sonará, seguramente. Y estos hombres, en estos muchos años, han tenido oportunidad de irse, y no lo han hecho, siguen al pie del cañón, porque aman a Cuba. Igual que lo hicieron cientos de miles de españoles que perdieron la guerra y la libertad, y continuaron exiliados en el interior, pero luchando por la libertad.

Las iniciativas de estos días del PP español, que quiere aprobar mociones en los ayuntamientos condenando el régimen cubano, son oportunistas y dañinamente politizadas, y provienen además de los herederos sociológicos del franquismo y los que se oponen a la memoria histórica más elemental. Pero, así mismo, hay que decir que debemos ya de dejarnos de ambages políticos y condenar con claridad al régimen de los Comandantes Castro. “Cuba sí, yankees no, pero castrismo tampoco”.

Quizá lleguemos tarde y toda la “progresía” debería haber condenado la represión a la disidencia antes; en cualquier caso: Ya no, por dignidad humana, no a los presos políticos en ningún país.

Seremos tildados de contrarrevolucionarios, seguramente, pero de verdad que no queremos ver a Fidel acabar como Ceacescu en Rumanía, fusilado por su propio pueblo. No podríamos aguantar esas imágenes, y tampoco se lo merecería. Por eso, digamos claramente al millón de miembros del PC cubano que los otros nueve millones de hermanos conciudadanos quieren libertad, oportunidades o, simplemente, poder opinar.

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